Partida rápida es la forma de jugar sin organizar nada: eliges un juego, el sistema te sienta en una mesa con sitio libre y la partida arranca en cuanto hay jugadores suficientes.
No hace falta código, ni invitaciones, ni ponerse de acuerdo con nadie. Si no hay ninguna mesa abierta de ese juego, se crea una y el resto de gente que entre se sentará contigo.
Tampoco hace falta cuenta. Si la tienes, las monedas que ganes en estas partidas se suman a tu perfil igual que en una sala privada.
Cuando una mesa pública reúne gente suficiente arranca una cuenta atrás corta antes de repartir, para dar margen a que entre alguien más. Y si ese juego tiene reglas de la casa configurables, aquí no las decide un anfitrión: cada persona vota la que prefiere y el recuento se ve en cada opción.
Dejar tirada una partida pública en curso tiene consecuencias, porque al otro lado hay gente esperando a que juegues. La primera vez es solo un aviso; si se repite, el bloqueo de la partida rápida sube de 5 a 15, 30, 60 y hasta 180 minutos.
Los avisos caducan: después de un día jugando sin abandonar nada, la cuenta vuelve a cero. Y esto solo afecta a la partida rápida, nunca a las salas privadas con código: lo que pase en una sala a la que has invitado a tu gente es cosa vuestra.